Despertadores de hace 150 años que revelan males de hoy en día

En este mail te cuento algo que pasaba hace más de 150 años y que hoy, increíblemente, sigue sucediendo.

A mediados del siglo XIX las personas, sobre todo en Inglaterra, empezaron a moverse de las zonas rurales a las urbanas. Del campo a la industria. La prosperidad, venía de allí. Supuestamente, claro.

Los trabajadores que venían de los pueblos estaban acostumbrados a levantarse a cualquier hora e ir al campo a trabajar. O al oficio que tuvieras. Te levantabas e ibas.

Luz solar, campanas o gallos. Esos eran normalmente los despertadores naturales.

Muchos de esos trabajadores migraban a las ciudades a trabajar en las fábricas. Y claro, allí el horario era sagrado. Había que entrar en la fábrica a las 06:00, por ejemplo, y a saber cuando te ibas. Eran otros tiempos. Poco hemos evolucionado.

Del pueblo a la ciudad. Y de ahí a la fábrica. Todo idílico.

Cuando hay problemas a solucionar, le damos a la cabeza.

Mira lo que pasó. 

Un grupo de «emprendedores», sobre todo jubiletas y agentes de la autoridad de servicio, para ganarse un sobresueldo decidieron hacer de despertador para toda esa gente que venía de las zonas rurales.

Despertadores humanos.

Usaban varas para golpear las ventanas de los trabajadores. Y hasta que no se levantaban y se asomaban, no se iban. Vamos, aquello de apagar el despertador era ciencia ficción.

Los más avezados usaban cacahuetes a modo de cerbatana. Mary Smith a la cabeza.

El emprendimiento no tiene límites.

Noche loca ayer, ¿eh? Despierta, que me quedan doce por levantar. 

Más de 150 años después, sigue habiendo despertadores humanos por ahí. Siguen montando negocios como el de llamar cada día a tu ventana para que te levantes.

Y reconozco que es complicado verlo al inicio.

Todo el mundo se enamora. Es algo natural. La dopamina se desprende. A todo el que ves le cuentas tu «película».

A lo que se presta poca atención, de forma inicial, es al que pretendes venderle.

¿Le conoces?

A buscar ese cliente, localizarle y mostrarle tu servicio o producto, también se le dedica poco tiempo.

¿Hay mercado?

Y oye, ¿sabes quién está vendiendo lo mismo que tú? Tu competencia.

Si crees que no tienes competencia, tienes un problema. Hasta los chinos tienen competencia. Esos que abren hasta horas intempestivas. Si te quedas sin aceite, y aunque el chino abra hasta las dos de la madrugada, se lo pides a un vecino.

Esas tres cosas son las que necesitas conocer. Al menos cuando empiezas. Sin esto, funcionarás con inercias.

Te permitirá tener perspectiva. Resolviendo esto ya vas por delante de la gran mayoría. Muy por delante

Y claro, esto se trabaja.

Este es uno de los mails que envío a mi lista de correo diariamente. Los habrá mejores o peores.

Decídelo tú.

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