Lo que Jason Bourne puede enseñarte y no es a escapar de la justicia

Estas historias que cuento no suelen venir de un bloc de notas.

Es verdad que tengo algunas apuntadas, pero rara vez las uso. De hecho, se me ocurren tantas, que termino por no escribirlas. Ya lo comenté, que soy muuuuu pesaoo.

Esto viene de algo desconocido para mi, pero que parece que tiene nombre.

Abrir ventanas de oportunidad.

Algo así como escuchar, ver, leer. Estar atento.

No digo que sea innato, lo que ocurre es que no le prestamos atención.

Pero como ahora escribo mucho, cada día que pasa, hago esa captura de ideas casi sin darme cuenta.

Te cuento como lo hice para lo que viene abajo.

A partir de aquí eres libre de pensar que me he fumado algo. Pero funciona.

El domingo pasado mi mujer me dijo que podíamos hacer algo. Con los niños. Era el puente de San Jorge.

Viendo opciones, decidimos ir a ver el Museo del Fuego y de los Bomberos.

Está en el centro de la ciudad. A unos 500 metros de la Plaza de España.

Cogí el coche por comodidad y para evitar que mis hijos chuparan cosas en el tranvía. Cosas habituales.

Pero claro, ¿dónde aparco?

Esto iba a ser un dolor de muelas, salvo que lo dejara en un parking justo al lado del museo, que casualmente estaba en obras. Así que ni lo intenté.

Dejé a la familia en la puerta del museo y me fui a aparcar. La otra opción era dar vueltas hasta que salieran y mientras escuchar cosas. Pero no.

Al dar la vuelta encontré un sitio con mi nombre. Ni me lo creía. ¿Estaría aparcando en algún badén?

Nada de eso. Aparqué.

Y en ese momento apareció la asociación.

Una de nuestras películas favoritas de siempre es El caso Bourne. No hace falta que cuente de que va, creo.

En la primera parte de la película el susodicho protagonista y su amiga aparcan en el mismo centro de París. En una calle petada de coches va y encuentran un sitio donde dejar el coche, en la puerta del edificio al que van (minuto 36 de la película).

Menuda tontería, pero eso es lo que pensé cuando aparqué y me bajé de mi coche el pasado domingo. Y eso me dio pie para una historia, que hoy aprovecho para contarte.

El valor de todo esto debería ser que abrir los ojos se puede entrenar. Igual que escribir historias cada día. Todo es entrenable.

Si, es cierto, quizás hay que ser curioso de manera constante, pero al final las cosas acaban viniendo. No hay que ir a buscarlas.

Y esas ideas muchas veces salen cuando hablo con la gente. Se abren ventanas de oportunidad. Asocias ideas y oye, nunca se sabe.

Lo que hago sé que puede ayudarte a vender más.
Déjame tu mail y te lo cuento por fascículos en siete días.