Sobre mí

Empezó con un extraño cúmulo de acontecimientos en mi vida.

Cuando era pequeño e Internet comenzaba a dar sus primeros pasos era cuando mi abuela me veía pegado al ordenador.

Siempre decía lo mismo.

Todo el día viendo la pantalla. Algo bueno saldrá de ahí.

Esto fue en los noventa, pero no puedo obviar lo que ocurrió mucho antes, cuando dejé la casa de mis padres sin luz por culpa de mis ansias de jugar por la noche.

Teníamos un Atari 2600, consola primigenia, que nos flipaba a mis hermanos y a mi.

Una noche, después de que mi madre nos la apagara porque no había forma de irnos a dormir, intenté volver a conectar el transformador sin encender la luz para que no nos pillara y lo que conseguí fue que se cayera la instalación eléctrica, se quemara el transformador de la consola y tuviéramos que sacar las velas.

El olor que deja un transformador quemado es una mezcla entre podrido y podrido. Menuda noche pasamos. Irrepetible.

Castigado.

Esa tormenta pudo cerrarse en ese momento, pero tiempo después un gran amigo me mostró los chat del IRC. Nos comunicábamos en un entorno lo más parecido a la lluvia de letras de Matrix. Apenas había imágenes.

Cuando llamaban a casa siempre comunicaba y las facturas del teléfono me hicieron ganar muchas broncas.

Pero creo que la gran oportunidad llegó cuando empecé a trabajar en un almacén de informática. Mi curiosidad me obligó a pedir audiencia para montar ordenadores. Cosa que conseguí.

Monté miles de ordenadores y junto con Internet ya no había marcha atrás. Algo saldría de allí aunque todavía no sabía qué.

En ese tiempo mi padre enfermó y falleció. Fueron los peores momentos de mi vida. Me prometí que si algún día tenía hijos debía estar el mayor tiempo posible con ellos.

Y he tenido tres.

Ellos necesitan a su papá y yo les necesito a ellos.

La pantalla me lo dio todo, incluso poder trabajar mientras ellos duermen y no tener que hacer miles de kilómetros cada año perdiéndome su crecimiento.

Que nunca llegue un día en el que me reprochen no haber estado con ellos. O mucho peor, que ya no esté para consolarles, reír o llorar juntos.

El teclado, internet y la libertad que eso aporta no tiene precio.

Por eso llevo años trabajando en temas de negocio y marketing.

Espera, que me he dejado algo.

Tuve un profesor cuando estudiaba que nos permitió leer a los clásicos de la literatura y no eran los de la literatura española. Eran los clásicos de su propia biblioteca. Libros que no pasaron desapercibidos para muchos. Uno de ellos, el primero, fue Misery de Stephen King. Nunca llegué a creer que dentro de 250 páginas iba a leer una historia de principio a fin en menos de dos días. Nunca había leído nada.

El libro no sé si fue tremendo, supongo que sí, pero haber leído algo completamente desconocido para mí unos días antes, no era normal. La de historias que había por ahí que todavía no conocía.

Novelas, negocios, animales y marketing.

Así llené mi biblioteca.

Creo que era necesario conocer esto para comprender que nada ocurre por casualidad. Aunque no lo sepas. No es un discurso vendealfombras. Echa la vista atrás y me cuentas.

Y aquí estoy yo con la tecnología, la lectura, internet, el marketing y los negocios.

Ahora necesitaba concretar cómo esto podía ayudarme a ganar dinero. Porque una cosa es decirlo y otra hacerlo.

¿Cuántos pensaron en hacer un coche eléctrico y cuántos lo han hecho?

Navegando por mi lista telefónica de contactos me tropecé con empresas con las que había trabajado. A nivel particular quiero decir. Yo compro, tú vendes.

Algunos seguían teniendo webs y les pregunté.

Un porcentaje alto me decían que tenían la web muerta de asco. Que no le daban bola. Como si fuera cosa del pasado.

Fíjate.

Una web es la puerta de entrada más habitual hoy en día a un negocio. Las páginas amarillas murieron y siempre que alguien busca algo lo hace en internet.

¿Cómo puede ser que se desprecie una fuente de negocio tan grande así como así?

Terminar presupuestos.

Atender a la gente.

Coger el teléfono.

Pagar deudas.

Inercias del día a día.

Por ahí tenía que ir para ganarme la vida.

Eso aunaba todos mis intereses.

Las webs no pueden parecer museos.

Si tienes un negocio así quizás podría ayudarte, pero como esto tiene que ser algo consensuado, una buena forma de comprobarlo es dejando tu email por aquí abajo.

Yo a cambio te envío una serie de mails que te ayudarán a decidir si es lo que necesita tu negocio o no.

Sin llamadas y sin conversaciones.

Si no te gusta te vas.

Es gratis.

.

También puedes contactarme si quieres algo y hablamos.

Leave this field blank

Responsable: Jorge Alastuey. 

Finalidad: Gestión y resolución de dudas.

Legitimación: Ejecución de la relación comercial o contractual entre ambas partes, así como el consentimiento solicitado en este momento para el envío de información. 

Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos, así como otros derechos como se explica en la Política de Privacidad.